jueves

El fantasma del espejo



Era un bonito espejo cuando lo compré. Antiguo, sin duda, con el marco de madera y detalles florales. Se lo compré a un señor alto y delgado con una voz ronca, sin duda, trataba de convencerme para que comprara su antigüedad, parecía desesperado, casi me estaba rogando para que lo adquiriera, eso me pareció extraño, pero lo compré; ya que sin duda era muy bonito y estaba a un precio irresistible.


Lo llevé a mi casa, y lo instalé en mi cuarto, al lado de mi cama, para acabar de darle una pequeña remodelación a mi lúgubre cuarto.

Ésa noche dormí un poco incómoda, sentía como si algo o alguien me estuviera observando, sin embargo, lo ignoré, me levanté a las 4:00 a.m. por un vaso de agua, llegué a mi cocina y vi que la alacena estaba en mal estado, abierta y como si unas garras hubieran rasguñado la madera, con una puerta desbordada por la falta de su tornillo, llené mi vaso y recorrí el pasillo que tenía la tenue luz de la luna que entraba por la ventana, estaba a punto de llegar a mi cama, cuando, pisé el tornillo faltante de la alacena, me abalancé y caí en el piso mientras una sensación de dolor recorría mi cuerpo. ¿Quién había puesto estratégicamente ese tornillo justo donde yo pisaba para irme a la cama? No lo supe en ese momento. Solamente trataba de arrancarme el tornillo de mi piel sangrante.

Fui al baño cojeando, dejando un pequeño rastro de sangre detrás de mí. Llegando al baño tomé papel higiénico y lo enrollé en mi pie tratando de detener el sangrado.

Cuando llegué a mi cama el sangrado ya se había detenido, casi milagrosamente. Traté de dormir pero no podía quitarme esa sensación de estar siendo observada. Más tarde escuché un ruido estruendoso, ahora proveniente de la sala.

Decidí ir a investigar. Cuando llegué a la sala, la vi, era una mujer de unos 50 años, muy bien conservada, con el pelo y la piel blanca, en si toda ella era blanca y una poca luz la rodeaba, como si ella emitiera la luz.

-Disculpe, ¿Se le ofrece algo?- Pregunté a la señora que se encontraba en mi sala, daba la sensación de que flotaba.

Cuando me vio, se echó a correr, hacia mi cuarto. Traté de seguirla. Iba cojeando por el pasillo mientras ella flotaba. Cuando llegué a mi cuarto, alcancé a ver como se metía en mi antiguo espejo. Me paré frente al espejo y por primera vez desde que compré el espejo me vi reflejada, pero, flotaba y vi como una tenue luz blanca inundaba mi cuerpo haciéndome cambiar de color de piel y cabello, pensaba que todo era una ilusión por la falta de sueño, así que me volví a acostar, pero al momento que querer entrar a mi cama, no pude, era como si una pared invisible me impidiera el paso. Entonces, de nuevo la vi, pero ahora dejaba de flotar y su cabello era de un negro azabache muy bonito, rizado con ojos café oscuro, mientras se acostaba a dormir en mi cama, yo no podía hacer nada, ahora el fantasma del espejo era yo y no ella.

Historia enviada por Ángel Filio


Recuerda que si quieres mandarme una historia de terror para que yo la publique aquí me la puedes mandar a este correo tushistoriasdeterror@hotmail.com, recuerda poner a nombre de quien quieres que la publique, y si es posible con una imagen respecto a tal historia.

2 comentarios:

Helen Rosario dijo...

wow que loco,pero que mas paso solo se quedo asi no te hizo nada el fantasma a tu no rompiste ese espejo por que yo lo hubiera hecho.

Anónimo dijo...

Sigue publicando esa historia fue asombroza