miércoles

Las dos hermanas



Hace ya bastantes años…vivía una familia en un pequeño pueblecito en España, no voy a concretar, tampoco creo que sea necesario. Esta familia lo tenía todo, una casa grande, amor, cariño, salud, dinero… en fin , era el tipo de familia modelo del cual nada más se podía pedir, y como si la felicidad de este matrimonio fuera poca la mujer se quedó embarazada, y no fue una alegría la que les llegó si no dos pequeñas alegrías… gemelas. A cada cual más adorable, o eso era lo que ellos pensaban cuando nacieron las niñas. Les pusieron Verónica y Violeta.

domingo

Soledad



¿Nunca has pensado cómo sería la soledad eterna?

Abandonas tu hogar, te vas lejos, no hay gente. No compartes con nadie tus emociones, tus sentimientos, tus gustos, tu vida… Vives aislado, en tu pequeña cabeza, imaginando situaciones, armando recuerdos. En cada oportunidad, cierras tus ojos y luego piensas en las personas, en los lugares, en todo lo que tenías y que ahora te estás perdiendo, y ves la palma de tu mano vacía, que refuerza aún más tu nostalgia. Pero decidiste estar solo en este mundo, en el inaguantable mundo. Su insufrible rutina de dolencias te desalmaba lo suficiente como para irte para siempre. Descubres que a nadie le importas, aunque los hayas abandonado. Te enojas con todos ellos, porque a nadie le preocupas. Te enfadas con el mundo entero, no quieres saber nada de lo que pasa, mucho menos que antes. Entonces notas que hiciste lo correcto, ¿No es así?

sábado

Chocolate



“Mami” dijo la niña pequeña, frotando sus ojos, parada en la habitación de la puerta de su madre. “Mami, el conejo de pascuas está comiendo chocolate” dijo.
“No, cariño” respondió la mujer, “el conejo de pascuas da chocolates, no los come”.
La mujer se movió un poco en sus sabanas y continuó hablando, mitad a su almohada, mitad a su hija; “Vuelve a dormir, cariño”.
“Pero mamá…” dijo la niña, “¡el conejo de pascuas está comiendo chocolate!” ahora en un tono más serio, casi como si fuera a llorar.
La madre se sentó y abrió sus brazos, “Cariño, te acabo lo acabo de decir; el conejo de pascuas no come chocolates, se los da a niños pequeños. Además, ni siquiera es pascuas todavía, vuelve a dormir” dijo en su voz más suave.

jueves

El Primogenito



La noche se sentía un tanto incómoda, incluso en la acostumbrada soledad del campo aquel. Un granja, animales, árboles frutales, madre e hijo. La cena ya se había servido, pero se enfriaba ante la ya aún más fría mirada de ambos, sentados, en silencio.

No había aire puro, no había intenciones santas.

Aquiles miraba de reojo a Mirna. La misma Muerte se sentiría incómoda ante tal escena; una relación sepulcral, que venía arruinándose desde hace un tiempo hasta aquí.

viernes

Llámame mañana, ¿Ok?



Todavía no hay mensajes en mi teléfono.

Suponía que él no me llamaría después de todo. No puedo culparlo, quizá me vi un poco desesperada anoche. Me había fijado en él desde antes que él me notara. Su brillante cabello negro y sus preciosos y poco naturales ojos azules. Seguro que yo no era la única mirando. Sus movimientos eran elegantes, pero de una manera masculina. Y su sonrisa, ¡su sonrisa!

Moriría por esa sonrisa.

Sigue sin haber mensajes…