jueves

Prisioneros en la oscuridad




“Estoy desesperado, al borde de la locura, ha desaparecido hasta la última gota de optimismo de mi ser, ya me he resignado a salir de esta desagradable situación, pronto será mi turno, antes de que se drene la totalidad de mi cordura dejare como único testigo estas escrituras.

Alrededor de 2 semanas han pasado desde que despertamos en este sombrío lugar, atrapados en viles jaulas de filosas cañas y hiedras retorcidas, privados de nuestro libre albedrio. Desconocemos como y porque estamos aquí, pero algo es seguro no nos será fácil escapar de esta perturbadora pesadilla.

martes

Permaneced en silencio


Hace 30 años, en los años ochenta, en 1983 viajaron hacia estos lugares una pareja de amigas que tenían unos 35 años. Se conocían desde hace mucho. Ellas eran vecinas de toda la vida y decidieron veranear un par de días en esta sierra y sobretodo en este embalse.

Fijaros que no hace mucho en realidad de este suceso. Pensad que yo nací en 1993, osea que esto ocurrió solo diez años antes de que yo naciera.
Bueno, el caso es que estas dos mujeres estaban acampadas a las orillas de este embalse, no sé muy bien donde exactamente pero si se que fue por esta zona…

sábado

Escóndete


El reloj me miró fijamente con sus ojos rojos, señalándome que él vendría pronto. Siempre viene a la hora de las brujas. Por supuesto que no sabía que la hora de las brujas era a las tres de la madrugada hasta que le comenté a mi amigo sobre mi merodeador nocturno. La hora de las brujas es el momento de la noche cuando Dios es más débil y todos los demonios y sirvientes del Mal vienen al mundo. Pero este hombre no es ningún diablo de tres cuernos; se ve viejo y solitario. Le tengo lástima, probablemente fuera un vagabundo sin familia ni amigos de los que hablar.

Cada noche está ahí, sentado en nuestro jardín trasero. Cada noche quiero ir a hablarle, pero no puedo juntar el valor. Sólo se sienta en el columpio de llanta y murmura algo para sí mismo.

jueves

Relámpago


Acabábamos de mudarnos a una pequeña casa rústica en los suburbios. Residencial Cuento de Hadas: tranquilo, vecinos agradables, vallas de palets. Baste decir que éste sería un nuevo comienzo para mí, un reciente padre soltero, y mi hijo de tres años. El momento para dejar atrás el drama y estrés del año pasado.

Tomé la tormenta como una metáfora para este nuevo comienzo: un último espectáculo teatral antes de que la mugre y suciedad fueran arrasadas. A mi hijo le encantó, en todo caso, aun cuando se perdió la energía. Era la primera gran tormenta que había visto. Destellos de relámpagos iluminaban los cuartos semidesocupados de la casa, proporcionándole largas y espeluznantes sombras a las cajas de mudanza, y él saltaba en su lugar y gritaba en lo que el trueno caía. No se dispuso a irse a la cama sino hasta altas horas de la noche.

miércoles

Mi miedo al agua


Siempre he tenido un miedo exagerado a ser sumergido completamente en agua. No que no sepa nadar o algo parecido; mi padre me hizo aprender. Dijo que casi muero ahogado cuando era muy pequeño.

Tengo miedo de ello porque, desde que puedo recordar, siempre que estoy bajo el agua y volteo hacia la superficie veo a una mujer inclinándose hacia mí, con una cálida sonrisa, un brillante cabello dorado y ojos color azul oscuro. Incluso si estoy en una bañera. Se ha hecho normal para mí, pero aún no he podido acostumbrarme.